jueves, 2 de septiembre de 2010

Azul M.

En el año de 1850, fecha exacta podríamos citar el 22 de abril, unos cuarenta y nueve años antes de la fecha en la que nacerá uno de los pensadores más grandes del siglo XX en el continente latinoamericano, cuarenta y ocho más tarde en el cual nacerá uno de los grabaditas excepcionales del mismo siglo XX que he mencionado. No es que quiera seccionar este siglo en dos, es el mismo, la misma temporalidad, el mismo proceso que se vivirá con el mendigo y el burgués en Francia, en Italia, en Brasil, en...
Se llamará Azul. Azul M. quien la noche que nacerá, su padre no se encontrará a su lado. Se descubrirá en los ojos de Azul un retroceso de la percepción de las cosas, Azul, Azul M. con esa calma que será propia de ella a lo largo de los años, no descubrirá el mundo que se le presente, lo analizará como un acto de constante movimiento. En sus movimientos de niña, de pequeña, no se observará la inquietud de acercarse al suceso nuevo que se le presente, no habrá tal suceso nuevo, parecerá que todo para ella habrá ocurrido antes, parecerá que espera salir para caminar, hablar, seguir el proceso de movimiento, para ella el tiempo no será tiempo, será movimiento, y estar segura del fin físico de las cosas, su cuerpo será una cosa que le permitirá relacionarse con otras cosas.
1858, Azul. Azul M. a los ocho años de edad. Azul presentará habilidades que variarán desde el desempeño de sus actividades escolares con cierta maestría, que los tutores no durarán más de tres meses en casa, hasta las habilidades que se permitirá desarrollar dentro de los límites de la mansión. Sus padres comenzarán a hacer uso de sus habilidades, bueno, más que usos será una forma de activación. Contratarán tutores en diferentes disciplinas para hacer de Azul una persona sumamente independiente. El tutor..?, esta ocasión tardará solo dos semanas. Maestros de equitación, tutores de buenos modales, de costura. Infinidad pasarán por la casa de manera efímera. Sus padres harán uso de las expresiones artísticas del momento y emplearán a tutores para que Azul aprenda a desarrollarse en esos campos. Cuando Azul, Azul M. cumpla 10 años de edad, el tutor Frederick Van N., pintor influenciado por la tendencia romántica que se había gestado en Alemania en el siglo XVIII, será empleado por el señor M. Azul, Azul M, al principio aprenderá la técnica de mezclar los colores adecuados para la realización de las pinturas, aprenderá a sensibilizarse por medio de los paseos al aire libre, porque, según decía Frederich Van N. esos paseos le ayudarán a filosofar sobre su participación como mujer en la vida, pero lo que no sabrá Frederick Van N. es que Azul, en ese momento, ya habrá conocido su participación como mujer en la vida, en su vida, habrá conocido su participación como persona, hará uso de su pertenencia como Azul, y como Azul M. de su participación como las otras Azules que conocerá posteriormente. Poco a poco Azul comenzará a adquirir todos los conocimientos que Frederich Van N, le pueda enseñar, a las cuatro semanas, Azul comenzará a experimentar cierto tipo de pintura, que no corresponderá a las ideas que defiende Frederich Van N. Sus imágenes se caracterizarán por colores muy vivos, yuxtapuestos, sobrepuestos, enmarcados en siluetas difusas que recuerdan las montañas de la región de Bolivia, así dirá Azul, cosa extraña, esas montañas no tienen forma difusa y Azul, Azul M. nunca conocerá Bolivia. Una mañana Azul se encontrará observando el rostro de su padre, aquel padre que no podrá representar la masculinidad que Azul querrá para ella y su madre: saldrá al jardín y meditará paso a paso, lentamente Azul irá recorriendo cada espacio de la parte trasera de la casa, volverá al jardín y se detendrá observando cómo el sol viola los espacios vacios que las ramas de ceiba permiten el ultrajo, permiten la penetración suave de los rayos. Detendrá sus ojos largo rato en ese árbol, que según su padre, representa la historia de toda la familia M, a la cual Azul pertenece; imaginará observar una rama pequeña y se preguntará si no es ella, si las hojas que se encuentran en el suelo no son una extensión de ella, o si son ellas y su cuerpo es una extensión de su persona, o su cuerpo y ella son una extensión del árbol. Lentamente, sosteniendo su peso en el talón izquierdo, girará su cuerpo en dirección a la casa grande, paso lento, uno, dos, uno, dos, talón que como el péndulo deja caer la punta de los pies, uno, dos, uno, dos, plack, plack, plack, etcéteras de plack´s. Tomará los pinceles y frente al lienzo comenzará a pintar el rostro de su padre, boceto, separará la imagen en cuatro partes y cada una de ellas lo representará con un color distinto, negro en el superior izquierdo con franjas amarillas que delinearán la imagen del rostro, celeste en el superior derecho con franjas verdes que delinearán la imagen del rostro, blanco y rosa en el inferior derecho, naranja y rojo en el inferior izquierdo. Cuatro días después la pintura será expuesta en el desecho, ya que Frederich Van N, no entenderá el concepto que Azul querrá representar en ella. En los días siguientes Azul, Azul M. pintará elefantes flotando en un lago de colores, silueta de cuerpos que se diluyen en el humo de una chimenea de París, tampoco conocerá Paris, el ojo de un animal atisbando por el lienzo de un cuerpo que se abre al ultrajo voyeur…
Azul sentirá una gran tristeza al no poder entender el sentido de lo que las personas esperarán de ella. Sus cuadros comenzarán a ser expuestos en la oscuridad, auspiciado por el silencio de su habitación, sintiéndose satisfecha a lo menos por los aplausos que se inventará en la clandestinidad de sus pinturas. Azul no volverá a pintar. No volverá hacerlo. Por lo menos frente a un lienzo que le implique la utilización de los colores, esa Azul ah vivido quince años, casi dieciséis, no pudo adherirse al paso de los movimientos periféricos a ella.
Así ocurrirá por más de 10 años. En ese tiempo Azul hará uso de la biblioteca de su padre. Oh, ¿no lo eh comentado?, su padre tiene una biblioteca. Es necesario mencionarlo para reforzar la credibilidad en la historia de Azul, Azul M.
Azul. Azul M. tiene ahora 25 años. Se ha convertido en una chica que se oculta en la biblioteca de su padre. Azul no encuentra el sentido de pertenencia al relacionarse con las demás personas. Se siente sola, un poco fuera de contexto. Este no es su tiempo, no es el momento en el que debería de existir, a ella la trajeron de otra época a cumplir funciones que se convirtieron en cotidianas, ya no subversivas de su personalidad.
A mí, a este cuenta historias me hubiera gustado tener contacto con Azul. Nunca lo tuve, mi estado de impotencia al no poder mantenerme dentro de la veracidad de las cosas, mis amigos dicen que es impotencia de la veracidad de la realidad, me secuestraron y ocultaron en una banca del jardín de Azul.
Ahora Azul tiene, como he dicho antes, 25 años, está en el año de 1875. A Azul no le importa ese mecanismo medidor del tiempo, para ella siempre resulta el mismo, con sus variaciones y sus desplantes, siempre es azul el día para ella. Las hojas caen, eso es cierto, pero le gusta pensar que toman un descanso largo. Tiene referencia de la fecha de su nacimiento por el detalle que le tiene su padre, la realización del rito de iniciación, como él mismo le llama, corresponde a tres días, la curiosidad del acto, la más sin importancia, es que su padre no se percata de ello hasta la noche del 22 de abril, cuando carraspea de la misma manera en la cena dedicada a Azul, mueve nervioso los dedos en espera de algo, nadie sabe de qué, siente un leve cosquilleo en el mentón que lo obligaba a dar un pequeño golpe en él y siempre es el mismo pensamiento que asiente la realidad de sus movimientos, promete recordarlo esta ocasión, y las anteriores, y las siguientes, ocurrirá lo mismo el próximo año. El rito?, No tiene importancia, podré contarlo el próximo año cuando suceda. Siempre es lo mismo. Azul se ha percatado de nuevo de ello, de la misma manera en el que todos lo hacen y asiente. Y la misma indiferencia del acto la perfecciona cada ocasión, pareciera que su edad podría medirse en el grado de indiferencia que el suceso le provoca.
Azul, Azul M, en la biblioteca de su padre había conocido a muchos escritores de su época, de las anteriores, pretendía conocer a los futuros. Una de las tantas ocasiones en las que Azul había perdido la noción de movimiento, como ella le llamaba, se encontraba sentada en una de las esquina del despacho-biblioteca, sobre sus piernas, el vestido largo y abultado cubría la mayor parte del contorno que ocupaba, Azul era una imagen saliendo de una mancha celeste que había cubierto el suelo, que ondulaba a cada movimiento de ella. Ahí estaba Azul, Azul M. discutiendo con un libro en sus manos, cuando el chirrido de la puerta advirtió la presencia de su padre, levantó la mirada y con certeza decisiva en su boca discutió el proceso creativo de un poema por medio de los sucesos que le permiten el sueño, cómo el Movimiento y el espacio, como se conocía en ese entonces podían ser ultrajados e invertirlos. Su padre no entendía el sentido de las palabras de Azul, por ese inconveniente en la información, tampoco entendía el sentido de la idea. Azul, eufórica, explicaba, defendía la tesis de poder crear un poema por lo que le dicte el sueño, de dormir y despertar para escribir lo que le haya sucedido. Hablaba en un lenguaje diferente al que pudiera entender el Señor M. Ese día se sumaron porcentajes altos en su grado de indiferencia hacía los sucesos. La personalidad de Azul fue más solitaria desde sus pensamientos. Quien podría entender el pensamiento que no le pertenecía al contexto histórico en el que se encontraba secuestrada. Azul no es de un tiempo atrás, al contrario y a lo cierto.
En otra ocasión discutía los términos de un seguimiento de imágenes que se presentaran de manera sucesiva y similares para presentar el movimiento de una persona por medio de las fotografía. Esa idea le devino de otra similar: la realidad de las cosas se encontraban seccionadas por múltiples personajes que emiten un sonido en específico y una imagen que no es alterada por el paso del tiempo, movimiento. En realidad la unidad del movimiento, la milésima de segundo, no respondía al movimiento de las personas, sino que son diferentes saltos de realidades, donde imágenes de las mismas realidades emiten el sonido único y la imagen única que en el momento en el que el pensamiento, ya que es el “único” que sufre el movimiento, o salto de las imágenes, realiza el recorrido, crea la ilusión de un suceso de movimiento del cuerpo. Azul sostenía la idea de tener muchas imágenes, de Azul, y es la conciencia que se apropia de ellas para seguir un movimiento.

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